-¿Qué tal?
-Fatal. Está todo muy mal.
-Sí, las noticias son deprimentes. ¡Habrá que hacer algo!
-¡Ntchs! No se puede hacer nada. Hay que aguantarse. Y estar callado, que si no...
-Hombre, algo se puede hacer ¿no?
-Hazme caso. No hagas nada. No sirve de nada.
-¿Sabes por qué trabajamos 8 horas diarias y no 15?
-No.
-Claro. Por eso dices que no se puede hacer nada. Por ignorancia. ¿O por vagancia? ¿Crees que es mejor que lo hagan otros?¿No? ¡Para eso están los sindicatos! ¿Sabes quiénes son los sindicatos? Pues te lo voy a decir: los sindicatos somos nosotros. Sindicato eres tú. ¿Estás sindicado? Y si lo estás... ¿Colaboras con ellos?¿Asistes a sus convocatorias?¿Propones soluciones? No claro. Es mejor criticarlos desde la barrera.
-Los sindicatos subvencionados son mastodónticos y no se oye mi voz. Dependen económicamente del gobierno y han firmado EREs imposibles ¡Y la reforma laboral!
-Pues eso es lo que hay que arreglar. ¡Hay que exigirles independencia! Y si no, pues afíliate a un sindicato independiente, que hay varios. ¡O crea uno nuevo! La falta de poder de los sindicatos, la ausencia de sindicatos fuertes es una de las causas de lo que pasa. La fuerza de un sindicato es la implicación de sus afiliados. ¡Implícate y deja de quejarte!
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